Articulo basado en el estudio “Tattooed men: Healthy bad boys and good-looking competitors’”, de Andrzej Galbarczyk de la Universidad Jagiellonian y Anna Ziomkiewicz de la Academia Polaca de Ciencias.

No hay duda de que nuestra primera impresión transmite un mensaje a los demás y supone el inicio de la interacción de una manera u otra. No tratamos igual a una persona que nos parece atractiva de otra físicamente indiferente. Igual que si vamos de noche por la calle y nos topamos con alguien de aspecto peligroso no dudamos en cambiar de acera mientras que no seríamos tan drásticos con alguien que parezca inofensivo.

Uno de los elementos que más debate ha causado son los tatuajes. Suponen una particular forma de comunicación con los demás usando la propia piel como medio. Pero, ¿nos parecen atractivos? ¿Peligrosos? ¿Atrevidos? ¿Iríamos a un médico tatuado? ¿Creeríamos el testimonio de alguien tatuado?

En el estudio de Andrzej y Anna se fotografiaron a nueve hombres de entre 19 y 35 años sin camisa, misma postura y sin sonrisa. Ninguno tatuado, y un fotógrafo profesional añadió digitalmente un símbolo abstracto a su brazo derecho como tatuaje. Posteriormente se añadieron las fotos a una encuesta sobre el atractivo masculino y se pasó a 2369 mujeres heterosexuales y 215 hombres heterosexuales. Los participantes veían sólo una de las dos versiones de cada modelo intercalando con y sin tatuajes. Se les pedía que evaluaran al modelo del 1 al 5 en cuanto a atractivo, salud, masculinidad, dominancia, agresividad, potencial para ser una buena pareja y potencial para ser un buen padre.

Las mujeres calificaron las versiones tatuadas como más sanas, pero no más o menos atractivas que las originales. Por el contrario, los hombres clasificaron las versiones tatuadas de las imágenes como más atractivas, pero no más o menos sanas que las originales. Tanto hombres como mujeres calificaron los modelos tatuados como más masculinos, dominantes y agresivos. Solo mujeres evaluaron a los hombres tatuados como peores parejas potenciales y peores padres.

Los tatuajes no sólo influyen en la preferencia femenina, sino que pueden ser aún más importantes en la competencia entre hombres.

En conclusión, podemos afirmar que los tatuajes en los hombres se asocian con la masculinidad, pero principalmente con “el lado negativo de la testosterona”: la violencia, la dominancia y la infidelidad.